Miércoles , 21 noviembre 2018
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‘Yo me hice en una biblioteca’: poeta Eduardo Carranza

Eduardo Carranza Fernández no solo fue uno de los mejores poetas de Colombia, su vocación también era ser bibliotecario.

A los 16 años fue director de la biblioteca de la Escuela Normal Central de Instituciones; escribió ‘Las bibliotecas escolares’, su tesis de grado para optar a Maestro de Escuela Superior; se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional desde 1948 hasta 1951 y fue director de la biblioteca Pública del Concejo de Bogotá desde 1963 hasta su muerte (1985).

“Desde muy muchacho me apasionaron las bibliotecas. Yo me hice en una biblioteca. En la escuela había una pequeñita, de unos dos o tres mil volúmenes. Una biblioteca general humanística muy selecta y yo fui su bibliotecario. Me la leí casi toda. Estaba la historia de César Cantú, en treinta volúmenes, en una edición bellísima de 1870 con ilustraciones de Gustavo Doré. Mi memoria era tan prodigiosa y cuando me desocupaba de las tareas escolares, me clavaba directo en la biblioteca”, dijo el poeta a Contrastes, revista de El Pueblo (Cali), publicada el 24 de febrero de 1985, como homenaje póstumo.

Según relata Gloria Serpa, en Lo que se dijo y no se dijo de mi Gran Reportaje a Eduardo Carranza, el escritor, como carecía de automóvil privado o carro oficial, viajaba en un bibliobús que Bogotá ofrecía a los barrios de la ciudad. Era un viajero entre libros.

Sin embargo, las bibliotecas públicas están en deuda. En Colombia solo dos llevan su nombre, la departamental en Villavicencio, su ciudad natal, y la de Sopó, en Cundinamarca, donde reposan sus restos. Y aunque bibliotecas como la de San Juan de Arama, en el Meta, y Chipaque, en Cundinamarca, fueron ‘bautizadas’, en principio, como Eduardo Carranza, no se mantuvo su homenaje y el nombre fue desechado de sus fachadas.

En San Juan de Arama, por ejemplo, la biblioteca recibió una inversión cercana a 700 millones de pesos –con recursos de Consolidación Territorial–, pero la remodelación le costó el cambio de nombre. Ahora es Concepción de Arama.
En Chipaque, de su historia solo queda un viejo cuadro del poeta marchito por la humedad y una vieja placa con su nombre: “Biblioteca Eduardo Carranza F. Obsequio de los escolares -IX-18-1948”. Ahora opera una pequeña biblioteca de la red de Colsubsidio.

Lo curioso es que cuando la biblioteca adoptó el nombre del poeta, el anuncio fue noticia nacional. Era la primera fundada en Cundinamarca, de manera oficial –resolución 570 de septiembre 11 de 1948–.
Según artículo publicado en Eco Nacional, el 18 de septiembre de 1948, con ello se hizo “un justo reconocimiento de las labores culturales de nuestro máximo exponente de la poesía, señor Eduardo Carranza (…) con especialidad, en lo que dice relación a la organización de bibliotecas”, pero ese homenaje ahora es historia.

El día que se inauguró la biblioteca de Chipaque

Según el cronograma de actividades del día de la inauguración de la extinta biblioteca Eduardo Carranza en Chipaque (18 de febrero de 1948), el Colegio de la Presentación, donde el poeta estudio de niño rodeado de monjas, realizó un desfile; hubo “obertura por la orquesta”, se cantó la ‘Barcarola’, se recitó ‘Las tres hojas’, se entonó el himno de Las Américas y hubo banquete amenizado por orquesta.
Como invitados especiales estuvieron, entre otros, el gobernador de Cundinamarca, Pedro Eliseo Cruz, y su esposa. Los invitados fueron recogidos en Bogotá ese día, a las 8 a.m.

REDACCIÓN LLANO SIETE DÍAS